Pesca al acecho

Pesca al acecho
2014-02-18

Me llevé un chasco al llegar al mar y observar el color y fuerza del mismo. Esta vez no habría sorpresa en el agua, quizás haciendo todo muy bien podría lograr alguna captura de peces más comunes aunque a decir verdad bien ricos para comer que es lo que importa. La jornada sería un reto interesante para comprobar si he mejorado en la adaptación al medio líquido, observaría que tal responde las cervicales al exigirle, durante toda la jornada un esfuerzo extra que supone acechar a cota 0, durante toda la sesión, unas 3 horas, más que nadando reptando por el agua y rocas.

Al entrar al agua noto que el agua está más fría que hace unos días. Ya una vez dentro del agua me dejo sentir, adapto la mirada al color y luminosidad del entorno, escucho el mar, el aire que hay fuera, percibo el vaivén del mar sobre mi cuerpo, me vuelvo si cabe más líquido, Intento acompasar mis movimientos al agua.

Pasan los minutos, más minutos y acumulados ya más de hora y media, reptando y buscando los caminos por donde pasar lo más sigilosamente, acariciando con mi contorno el perfil de cada roca, de cada surco descubierto, hasta de de pronto veo ligeramente la silueta de un sargo, el cual no se ha asustado pero ha desaparecido detrás de una roca. Vigilo el otro extremo de la roca por si decide aparecer por ahí, pero no lo hace, dejándose ver fugazmente por el mismo lugar donde había desaparecido hace unos segundos. Intento un disparo intuitivo y sale a la perfección. He logrado la captura de un sargo. Una vez en las manos salgo a una zona donde pueda trabajarlo adecuadamente sin riesgos de golpearme con alguna roca, pongo el sargo en el pasapeces y vuelta a empezar ya con con la seguridad de salvar un porra.
Vuelve a pasar minutos y más minutos hasta volver a cruzarme con la posibilidad de capturar otro pez. A lo lejos me ha parecido ver el reflejo plateado, voy aproximándome y se confirma la presencia de pescado interesante, es un banco no muy numerosos de mujoles, picoteando entre las rocas, logro una aproximación perfecta hasta el punto de intentar una nueva captura, pero la roca que tengo delante me hace subir el brazo, y lo hago de manera incorrecta. Levanto el brazo pero no mi cuerpo, por tanto no está bien alineado. El tiro sale mal y pierdo la posibilidad de capturar un mujol.
Continúo acechando, ya he apagado hasta la cámara no creo que tenga la fortuna de toparme con algún pez decente, cuando de pronto me encuentro con un mujol en medio del predregal, esta vez si he acertado, en un tiro rápido logro la captura de un mujol. Esto me anima un poco, vuelvo a encender la midlan y proseguir otro poco más, ya luchando cara a cara con el frío. Me vuelve a sonreir un poco la suerte. Me paro y observo que tengo 2 posibilidades, ir por la derecha de la piedra que tengo enfrente o ladearme hacia la izquierda. La intuición me lleva hacia la izquierda, cruzándome de nuevo con otro mujol solitario, que logro capturar.
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Al recordar los momentos vividos en esta salida me viene una adaptación al poema de Mario Benedetti, quedaría así como…

Y en la mar codo a codo
somos mucho más que dos