Esta es tu lubina

Han pasado varios días desde que sucedió esta historia. No ha sido posible escribirla sin antes dejar pasar unos días, era necesario volver a sentir la vida fuera de este entorno. Solo así es cuando empiezan a aflorar los recuerdos, pasa una imagen tras otra, un sonido tras otro, y entonces es el momento de contar la historia que te hace sentir todo esto.

Son unas cuantas horas de agua en busca de uno de mis peces favoritos para pescar, la lubina y aun así nunca me dejará de sorprender este pez, bajo el agua. Esta vez fui al agua a mojar por primera vez un arma que se configuró especialmente para la pesca que iba a realizar, un ENAS 90, Gracias Javi por aguantarme. Era esa tarde si o si. Fui al sitio concreto, recortando el posible recorrido, tenía muy claro que puntos tocaría y en busca de lubinas. Al entrar al agua y mirando una primera pequeña punta veo a lo lejos cruzar un par de lubinas bastantes majas, pero el agua estaba aún muy clara, mejoraría (se pondría más turbia en cuestión de un rato). Me alejo delo roquero y voy a la zona de arena, buscando tal y conforme me gusta, el límite de arena con la posidónea. Estando preparando la primera bajada en esta zona de algas con arena, observo por el rabillo del ojo derecho que se me estaba acercando un banco de lubinas, son de esos instantes que lo percibes y no sabes ni como te ha dado por mirar con el rabillo del ojo ahí, pero lo has hecho y resulta que está la lubina, bueno en este caso no una, sino unas cuantas. Van a cambiar de dirección y casi seguro que van a arrancar en estampida si aquí intento un golpe de riñón, me la jugaré e intentaré la captura desde superficie a pesar de que será el primer disparo con el ENAS. No reprimo mi alegría, en un primer intento que he tenido la posibilidad de una captura, he logrado una Lubina, que dio en la báscula 1’8kg.
Insisto en esta zona, haciendo esperas, así la zona de las rocas irá poniéndose como a mi me gusta para encontrarme con las lubinas. No vuelvo a ver el banco de las lubinas, aunque había determinado con exactitud donde podía intentar capturar un pardete pues lo estuve viendo en varias esperas. Una vez decidido que volvería al roquero, realizo una espera, me sitúo en el matorral previamente elegido y realizo la llamada, toques con el frontal de la máscara y el fusil, y a los pocos segundos aparece un par de ellos. Es un lance bastante fácil, donde da tiempo a centrar la varilla y así logro la captura de la segunda pieza, un pardete.

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Al llegar de nuevo al roquero mi sensación fue especial, era como estar en el lugar exacto y en el preciso instante. A pesar que no se veía ningún pez algo me guiaba, algo me daba confianza que aparecería en cualquier instante. Y sucedió. Encontré un hueco por el que se podía adentrar un poco más, y estando en ese avance, sientes de repente la necesidad urgente de mirar hacia un lado, en este caso volviendo hacia mi derecha, lo que me llegaba a una que acaba de pasar, pero tenía que mirar para allá, vi la lubina. Ella iba en dirección para salir del roquero e ir a zona abierta, daría el coletazo en breve. Me dejé llevar por el instinto, por la confianza y la seguridad de que capturaría ese pez, la misma confianza y seguridad que depositaba mi padre en mi. La lubina en un primer instante no cambia el sentido y se dirige a aguas abiertas, voy frenando un poco con la mano izquierda, mientras la derecha ya era consciente de la que había liado ;-). En esto, cambia de sentido rápidamente y retrocede hasta la zona de rocas, ahora no había tiempo que perder, había que sacarla de ahí o habría riesgo de desgarre. Una vez que pude sacarla de la roca por fin sentí la captura de la lubina. Dejo correr por mi cuerpo esta sensación, inmediatamente tengo la necesidad de agradecérselo a mi padre, es la primera palabra entendible que pronuncio mientras muestro este precioso ejemplar al cielo. Allá donde estés, ésta es tu lubina.

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