Despidiendo los 38

a tocaba ir cerrando los 38 años y aproveché un par de salidas, improvisadas a ver que tal salía la jornada. Una primera despedida fue especial por el reencuentro con mi buen amigo y compañero Samu. Y cuando ya pensaba que esa iba a ser mi última salida, de repente me encontré en un momento no planificado, donde lo mejor era ahogar ese tiempo.

Habíamos quedado en vernos por aguas de San Pedro del Pinatar a echarnos un ratico al agua. Por esta zona, me tomo las salidas de pesca como una salida de paseo que con algo de suerte quizás me lleve un pescado para casa. No es mi zona de pesca favorita aunque con la suma de salidas voy entendiéndola un poco. El agua no parecía muy movida aunque una vez en ella, estaba turbia, pero pescable. Quizás con algo de suerte podríamos evitar la porra.

Al entrar al agua dejo que vaya en cabeza Samu, y voy quedando rezagado. Tras unos breves minutos de acostumbrarme a la tonalidad del agua, empiezo a realizar pequeñas bajadas, en la segunda o tercera mientras me acomodaba en el fondo, me aparece por mi derecha una dorada, siguiendo una trayectoria que pasaba frente a mi, no hay mucho tiempo para pensarlo pero sobraba para realizar una captura cómoda. Tras el ascenso a superficie llamo a Samu, para revisar la zona por si había alguna compañera. Cuando él llega a mi altura logro echar mano a la primera captura, una dorada.
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No vuelve a aparecer ninguna dorada más, pero si una sorpresa en forma de dentones, esta vez, por el efecto de esperar al de atrás que es más grande… pues pasa lo que tenía que pasar toca subir hacia arriba y sin intentar el disparo. Comentar que a estas alturas la cámara andaba inundada y los vídeos, irreconocibles. Tras sucesivos intentos de volver a verlos y no conseguir ver una raspa, cambio por unos minutos, voy a menos agua y paso al acecho. En cuanto encueadro un sargo medio decente, vuelvo a probar y logro la segunda captura del día, un sargo.

Ya por estas alturas Samu llevaba otro sargo, y probamos a grabar un vídeo de una espera de Samu, que a pesar de estar en sacano una periodo excesivo, me alegré de verlo tan bien en las esperas. Lástima de entrada de agua en la carcasa. En el regreso enseño al compañero unas piedras sueltecillas que un día encontré y me gustaron. Este día no tenía excesivamente vida pero darán un día alguna sorpresilla. Y esta iba a ser mi despedida de los 38…

… Pero la vida tiene su propio curso y no es válido lo que en principio tu tienes establecido en tu interior. En algunas ocasiones no esperas encontrarte en un lugar, en un momento, en una circunstancia, pero lo estás. Y eso sucedió y de ahí surgió la despedida en solitario de los 38. A pesar de ser una salida de pesca la ida al agua fue extraña, ni larga ni corta, simplemente no definible. No fui capaz de centrar mi mente en la pesca, ni en nada tan solo ir hacia delante que ya me toparía con el mar. Estando dentro del mar fue creciendo el desánimo, no por la posible porra, sino por la incapacidad de entrar en sintonía con el mar, allí estaba avanzando en el mar, bajando, subiendo, pero sin encontrarme, sin saber pescar, sin sentirme parte del mar. Pasaría más de una hora para revertir estas sensaciones. Fui más abajo, un claro de arena, grande donde se podía distinguir un pequeño manojo de algas, allí me planto con la cara en medio de ellas, me relajo con el baile de ellas, empiezo a sentir por fin el agua, y a lo lejos se ve picando un galupe en la arena. Mi mente dice que está lejos pero el cuerpo se deja llevar por el instante y el ENAS suelta la varilla, ésta vuela hasta perderse de vista, unos reflejos me hacen comprobar que el tiro ha sido certero a pesar de la lejanía. Capturo así un galupe en un lance para enmarcar, no por la captura en sí, sino por el momento de sintonía con el mar, el encontrarse consigo mismo, el hecho de practicar tu afición y encontrar la utilidad en ti mismo. En la siguiente bajada, misma técnica y segundo galupe al pasador. Una vez en sintonía fue fácil llegar hasta los 4 galupes.

Feliz cumple, mi niña, reencontrarme con vuestras miradas es el mayor encuentro y la mayor sensación.

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