Curri de superficie y chambel. Retomando la caña

Afrontaba esta jornada de pesca con la esperanza de cambiar la racha de porras cosechadas en las últimas semanas (o meses poque ya uno hasta pierde la noción del tiempo transcurrido desde la última pesca medio decente). El agua saliendo desde la Torre de la Horadada estaría con poca visibilidad como para intentar algo de pesca submarina. Así pues volvería a intentar pescar algo con caña. Saliendo desde el mismo puerto íbamos “Serranos 2” y “Zorros de mar” a cual más lleno de esperanza y expectativas en una jornada que empezaríamos con currican de superficie hasta llegar al fondeo para probar chambel, alejados un poco de la costa.

Al observar el día anterior en la pescadería que ofrecían melvas, pues se hizo una cata de currican de superficie, a ver si había algo de suerte. Salimos apenas rayando el día por la bocana del puerto, y en cuanto ya había una visibilidad decente, se fue subiendo de revoluciones los distintos motores de las embarcaciones hasta llegar a una franja de profundidad adecuada para buscar algo.

Tras un buen rato paseando los artificiales, y un par de subidas de adrenalina, por falsas picadas se llega a la zona de fondeo, con una porra con la modalidad de pesca de currican de superficie. A pesar de todo aun quedaba la posibilidad de pasar una buena jornada con la pesca de chambel fondeado. Una vez que Serranos 2 está fondeado y “agarrao”, acometo mi maniobra de fondeado dejandolo a mi babor al serranos 2 y la distancia apropiada para no molestar ni liar cabos del ancla. Al agarrarme, observo la sonda y estoy 3 metros más de profundidad de lo que marcaba la zona buena. A los pocos minutos, retomo las sensaciones de subir el ancla que en su día me preparó mi compañero Paco con su cuñao, digamos que es la parte del barco que más llama la atención, y el consuelo que me queda en una jornada aciaga en la pesca, el deporte que hago al subir el ancla a pulso. Una vez arriba otra maniobra de fondeo, esta vez dejando al compañero a estribor. Esta vez la sonda marcaba una buena profundidad y pescado.

Dicen que la pacencia es una buena virtud de un pescador. Yo no se si virtud o simplemente resignación. Tras 2 horas de estar con el chambel y no haber sacado ni raspa, consigo clavar un pez y cuando lo subo ya no se si echarme a reir o llorar, como la vida misma… Era un simple 3 colas, que el anzuelo era casi más grande que él. Ya que se había echado el viaje de unas cuantas millas, se insiste en la zona y algún que otro pez se va clavando, serranos, chuclas, alguna mojarra, 3 chopas y varios tres colas. Aun siendo una jornada muy pobre en cuanto a piezas, fue muy reconfortante. Estar allí envuelto en el mar, incluso sin importar si picaba más o menos, simplemente tener la caña en la mano, sentir el peso de la misma, aguardando el momento de la picada perfecta esas sensaciones que desde pequeño he tenido a mi alcance nunca quedarán en el olvido absoluto. Y así fueron pasando las horas hasta que llego la hora de levantar el fondeo, una vez despegada en ancla de varilla del fondo, cabo apoyado en la barandilla de la aleta de babor y sin pausa hasta arriba. Mientras se iba levando el ancla la mente viajaba a los tiempos de fondeo en aguas Mazarrón. Proa a tierra, avante y subiendo revoluciones hasta las 4200-4300, algo más allá de la velocidad de crucero, y escuchando en mi interior “the Riddle Anthem” mientras sentía como Zorros de mar cortaba agua y viento, en la travesía hasta llegar al puerto ni mayores anomalías. Ese rato de pesca, independientemente la modalidad, pesca submarina, curricán, jigging, chambel, … no hace otra cosa que recargar mi interior, tanto para las calmas como para las tempestades.

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