Acechando en busca de lubinas

El miércoles tarde ya tenía preparados mis calcetines talismán, pues el jueves tarde quería ir al agua a probar a ver si algo salía. Quería cambiar de sitio y llevaba los últimos días pendiente del aire y en que dirección soplaba. Mi temor era encontrar el agua o bien demasiada tomada o bien demasiada tranquila y limpia, dependiendo del rincón. Saliendo del trabajo y camino al coche escucho una buena canción que compartió el bueno de Samu, la canción Klingande – Jubel me vino como anillo al dedo para ir desconectando de la tierra e ir sintiendo el mar.

Al llegar a la costa voy recorriendo distintos puntos y descartando hasta llegar a un rincón que nada más observar el agua me dio un palpito lubinero que inmediatamente paré el coche. Ya tenía claro el sitio. Tenía la seguridad que al menos una buena lubina se cruzaría en mi camino. Al entrar al agua y dejarme caer la primera visión fue confirmarme mis sensaciones. Me encanta el movimiento del agua, su color.

La jornada la dedicaría principalmente al acecho, pues todo pintaba perfecto para esta técnica, además me encontraba fenomenal en el agua, la cadera sin molestas, el cuello flexible como hacía tiempo que no lo sentía, las sesiones recibidas de estiramientos de cadenas musculares dan su fruto. Me cruzo con un par de galupes, pero al llevar 2 semanas sin agua me siento un pelín falto de reflejos a la hora del liberar la varilla. Este par de encuentros me terminan de despertar mi instinto, la próxima seré lo más intuitivo posible. Y no tardó en presentarse la oportunidad. Acechando a cota cero y siguiendo la corriente me llevaría al frenesí lubinero, daba igual la posición del sol que lo tenía de cara, confiaba en la lectura del agua que hice. Allí donde el agua hace un cambio de altura de corriente pues hay un salto de profundidad me aparece un punto, viene de cara, pero no es un punto son 2, no 3 , no 4 … es un banco precioso de lubinas todas grandes, antes de acercarse más, cambian de sentido, y debo intentar un tiro lejano. Esta vez le saco partido al ENAS90 y rápidamente siento como la línea empieza su carrera. Voy frenándola y recuperando, intentando que no desgarre y si al echarle mano tiraba, dejarla ir hasta que no tirase con tanta fuerza. Al final puedo echarle mano, y lograr una nueva captura de una gran lubina.
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Al final se cumplió mis sensaciones, va a resultar que no son paranoias mías ;-D. Agradecido nuevamente de como me trata el mar me despido hasta la próxima.